La farmacia también decide

Opinión | Estrategia comercial

Durante décadas, buena parte de la industria farmacéutica ha construido su estrategia comercial alrededor de una idea aparentemente lógica: si el médico prescribe, el trabajo principal está hecho.

Sin embargo, entre la receta y el tratamiento existe un territorio que numerosas compañías todavía conocen de manera incompleta: la farmacia.

Análisis firmado por José Carlos Burmester Especialista en marketing farmacéutico, dirección comercial y análisis de mercados latinoamericanos.
Tesis central

La prescripción puede iniciar la demanda, pero la disponibilidad, el precio, el conocimiento y la recomendación del personal de farmacia determinan con frecuencia qué producto llega finalmente al paciente.

01 La receta no garantiza la compra

Disponibilidad, precio y capacidad de pago pueden interrumpir el tratamiento antes de que comience.

02 La farmacia es también un target humano

Conocer el establecimiento no equivale a identificar y comprender al personal que atiende.

03 La competencia también es mental

La clase terapéutica de una auditoría no siempre coincide con las opciones recordadas en el mostrador.

A partir de esa convicción se dimensionan fuerzas de ventas, se segmentan profesionales, se establecen frecuencias de visita, se preparan materiales promocionales, se organizan congresos y se invierten recursos considerables en posicionar una marca dentro de la mente del prescriptor.

Pero es en la farmacia donde el paciente descubre si el producto está disponible, cuánto deberá pagar, si existe otra presentación, si puede acceder a una alternativa autorizada y si la persona que lo atiende conoce, recuerda o recomienda la marca solicitada.

La prescripción no representa el final del proceso comercial. Es el comienzo de una segunda decisión.

Una receta no garantiza una dispensación

Una prescripción expresa una decisión clínica, pero no garantiza que el medicamento sea adquirido ni que el tratamiento llegue a iniciarse. Para que eso ocurra deben coincidir varias condiciones: disponibilidad, capacidad de pago, confianza, comprensión de la indicación y voluntad de continuar.

La primera barrera es tan básica que suele quedar fuera de las grandes presentaciones estratégicas: el producto debe estar presente.

Una marca puede alcanzar una participación importante en las prescripciones y, al mismo tiempo, perder ventas porque no llegó al establecimiento correcto, el distribuidor no repuso el inventario, la cadena redujo su cobertura o la farmacia independiente decidió emplear su limitado capital en productos de mayor rotación.

Realidad comercial

El paciente no compra una estrategia. Compra lo que encuentra, lo que puede pagar y aquello en lo que confía.

Cuando la marca prescrita no está disponible, la farmacia se convierte en el lugar donde se define el siguiente paso. El paciente puede buscar otro establecimiento, regresar al médico, preguntar por una alternativa permitida o abandonar temporalmente la compra.

Para la compañía, cada una de estas decisiones tiene una causa diferente. Sin embargo, todas pueden terminar registradas de la misma manera: como una venta que no ocurrió.

El personal que está detrás del mostrador

Para comprender el poder real del punto de venta latinoamericano es necesario reconocer una realidad que algunas estrategias regionales suelen simplificar.

En numerosos establecimientos, especialmente en farmacias independientes y en determinados mercados, la persona que mantiene el contacto cotidiano con el paciente no es necesariamente el químico farmacéutico. Con frecuencia, quien se encuentra detrás del mostrador es un auxiliar, técnico, dependiente o empleado de farmacia.

Las denominaciones, requisitos de formación, competencias permitidas y mecanismos de supervisión cambian entre países. La dirección y responsabilidad técnica corresponden al profesional que determine cada legislación, y el auxiliar no puede asumir funciones clínicas o farmacéuticas para las cuales no se encuentra autorizado.

Sin embargo, una cosa es la responsabilidad técnica y otra es la interacción cotidiana.

El auxiliar suele recibir al paciente, escuchar su solicitud, buscar el producto, comprobar el inventario, comunicar el precio e identificar la presentación disponible. Especialmente en categorías de venta libre, también puede responder preguntas y orientar la compra dentro de los límites de su función y de la regulación aplicable.

En muchos casos es quien recuerda qué marca fue solicitada durante la semana, cuál producto regresa al establecimiento, qué presentación genera confusión, cuál tiene mejor rotación y cuál dejó de venderse porque su precio se alejó de la capacidad de compra del consumidor.

No posee necesariamente la preparación científica del químico farmacéutico, pero mantiene una relación frecuente con el comprador y acumula un conocimiento práctico del mostrador que la industria suele subestimar.

Reconocer esta realidad no significa confundir los distintos niveles de formación y responsabilidad. Significa entender que, en buena parte de Latinoamérica, la experiencia del paciente detrás del mostrador no siempre ocurre directamente con un químico farmacéutico.

El target que la industria todavía no conoce

La industria farmacéutica ha desarrollado modelos sofisticados para identificar y segmentar médicos. Puede conocer su especialidad, ubicación, potencial, comportamiento prescriptivo, frecuencia de visita y respuesta ante diferentes mensajes.

Esa precisión contrasta con la manera en que muchas compañías se relacionan con el personal de farmacia.

En lugar de un target individualizado, suelen disponer de un listado de establecimientos. Saben dónde está ubicada la farmacia, pero no necesariamente quién atiende el mostrador, qué función desempeña, cuál es su nivel de formación, qué categorías conoce, qué necesidades educativas tiene o cuánto tiempo lleva trabajando allí.

Conocer la farmacia no equivale a conocer a su personal.

Construir un target específico supone identificar personas y funciones de manera responsable, mantener actualizada su relación con cada establecimiento, diferenciar químicos farmacéuticos, técnicos, auxiliares y dependientes, y reconocer las particularidades de las cadenas y las farmacias independientes.

También exige cumplir la legislación sobre protección de datos, utilizar información obtenida legítimamente y evitar que la segmentación se convierta en presión promocional.

El propósito no debería ser enviar el mismo mensaje a miles de contactos. Debería ser entregar el conocimiento apropiado a las personas correctas.

Las compañías que desarrollen esta capacidad tendrán una ventaja difícil de reproducir. No solo podrán comunicar mejor las características de sus productos; también estarán en condiciones de escuchar qué sucede en el punto de venta, detectar barreras, comprender preguntas frecuentes y adaptar su ejecución comercial.

Una base de datos vale poco si únicamente permite distribuir mensajes. Su verdadero valor aparece cuando permite establecer una relación de conocimiento recíproco.

Cómo se construye la competencia real

El mercado de la auditoría no siempre es el mercado del mostrador

Las auditorías farmacéuticas son herramientas indispensables para conocer ventas, crecimiento, participación, precios, tendencias y comportamiento de las clases terapéuticas. Sin ellas, numerosas decisiones se tomarían por intuición.

Sin embargo, también es necesario reconocer sus límites.

Las clasificaciones farmacéuticas suelen agrupar los productos de acuerdo con sus principios activos y sus propiedades terapéuticas, farmacológicas o químicas. La metodología ATC, por ejemplo, permite organizar las sustancias medicinales y comparar estadísticas de utilización entre mercados y periodos. Es una herramienta técnica valiosa, pero fue creada para clasificar y comparar el uso de medicamentos, no para reproducir la conversación que ocurre frente al mostrador.

Composición conceptual que contrasta la clasificación farmacéutica por sustancias con las opciones que recuerda el personal de farmacia
La auditoría organiza productos mediante categorías técnicas; en el mostrador también compiten disponibilidad, precio, conocimiento y recordación. Fuente: imagen editorial referencial generada con inteligencia artificial.

Mercado de la auditoría

Clasifica sustancias, clases terapéuticas, unidades, ventas, precios y participación mediante criterios técnicos comparables.

Mercado del mostrador

Se forma con disponibilidad, precio, experiencia, conocimiento, recordación y la necesidad expresada por el comprador.

Una auditoría puede indicar que varias marcas compiten dentro de una misma sustancia o clase terapéutica. Para el personal de farmacia, sin embargo, el mercado puede estar organizado de otra manera.

Quien atiende detrás del mostrador no siempre piensa primero en el código, la molécula o la delimitación empleada por la auditoría. Puede recordar los productos por el problema expresado por el comprador, la presentación, el precio, la disponibilidad, la experiencia previa o el mensaje que consiguió retener.

Cuando un consumidor pregunta por “algo para la tos”, “una vitamina para el cansancio”, “algo para el dolor” o “un producto para el estómago”, el conjunto de alternativas que aparece en la mente de quien lo atiende puede ser más amplio, más reducido o simplemente diferente del mercado competitivo definido en un reporte.

Esto no significa que todos esos productos sean clínicamente equivalentes ni que puedan sustituirse entre sí. Significa que, desde el punto de vista del comportamiento comercial, compiten por ocupar una respuesta mental.

Un laboratorio puede creer que compite contra tres marcas porque son las que aparecen junto a su producto en una auditoría. En la farmacia quizá compita contra una presentación más económica, una marca instalada en la memoria del personal, otra categoría percibida como respuesta para la misma necesidad o la costumbre del establecimiento de recomendar siempre aquello que conoce mejor.

Dos mercados diferentes

La auditoría muestra qué se vendió dentro de una clasificación. No siempre explica qué alternativas consideró el personal, qué producto recordó primero ni por qué una marca quedó fuera de la conversación.

El mercado estadístico se construye mediante categorías. El mercado del mostrador también se construye mediante percepciones.

La verdadera competencia está en la mente del personal de farmacia

Las marcas no compiten solamente por espacio en el anaquel. También compiten por un lugar en la memoria de quien recibe la consulta.

Cuando un comprador expresa una necesidad, el personal de farmacia suele recuperar mentalmente un número reducido de alternativas. Las marcas que no forman parte de ese primer conjunto difícilmente serán consideradas, aunque aparezcan correctamente clasificadas dentro de la misma clase terapéutica en una auditoría.

El posicionamiento en farmacia consiste en ocupar un lugar claro y legítimo dentro de ese proceso mental.

Para lograrlo, el mensaje debe ser sencillo, diferenciador, recordable y responsable. El personal necesita comprender qué es el producto, para qué está autorizado, qué lo diferencia, cuáles son sus presentaciones y cuándo una consulta debe trasladarse al químico farmacéutico o al médico.

Una exposición llena de términos técnicos, beneficios poco diferenciados o afirmaciones promocionales puede llamar la atención durante una capacitación y desaparecer de la memoria al día siguiente. En cambio, un mensaje preciso, relacionado con las preguntas que el personal recibe realmente, tiene mayores posibilidades de ser recordado y aplicado correctamente.

Los laboratorios que eduquen mejor no serán necesariamente los que entreguen más información. Serán los que conviertan la información correcta en conocimiento comprensible.

Aprendizajes que ya aparecen en Centroamérica

Centroamérica empieza a mirar a quien está detrás del mostrador

Una práctica emergente en la región

En algunos mercados centroamericanos se desarrollan iniciativas que parten de una realidad elemental: no basta con colocar el producto en la farmacia; también es necesario que el personal comprenda qué tiene frente a él.

Estas experiencias buscan mantener una relación más frecuente con el personal mediante programas de capacitación, actividades educativas, contenidos breves, dinámicas participativas y herramientas de aprendizaje basadas en el juego.

Personal de farmacia participa en una capacitación basada en dinámicas de juego, preguntas y casos prácticos
Algunas iniciativas centroamericanas están transformando la capacitación tradicional en experiencias participativas que favorecen la comprensión y la recordación. Fuente: imagen editorial referencial generada con inteligencia artificial.

La gamificación puede convertir una capacitación tradicional —muchas veces extensa, técnica y fácilmente olvidable— en una experiencia más cercana. Preguntas, retos, casos prácticos, reconocimientos y competencias de conocimiento estimulan la participación y permiten comprobar si el mensaje fue realmente comprendido.

PASO 1Identificar
PASO 2Segmentar
PASO 3Educar
PASO 4Escuchar

Pero el juego es solamente el vehículo. El verdadero valor está en el conocimiento que permanece.

Cuando el personal comprende una categoría, identifica correctamente una presentación y recuerda con claridad la propuesta de una marca, aumenta la posibilidad de que pueda responder una consulta, explicar una diferencia o sugerir responsablemente un producto cuando se trate de categorías de venta libre y la regulación lo permita.

En medicamentos sujetos a prescripción, esta formación debe orientarse hacia la dispensación adecuada, el conocimiento de las presentaciones, la disponibilidad y el respeto de la receta. No puede utilizarse para inducir sustituciones indebidas ni para atribuir al personal funciones clínicas que no le corresponden.

La formación también debe ayudar a quien atiende detrás del mostrador a reconocer cuándo una consulta necesita la intervención del químico farmacéutico o cuándo el paciente debe acudir al médico.

Estas iniciativas introducen un cambio relevante en la estrategia comercial: el personal de farmacia deja de ser considerado únicamente como receptor de promociones y empieza a ser tratado como una audiencia que necesita información, formación y actualización permanente.

De la capacitación ocasional a una relación continua

Una charla aislada puede generar atención durante algunas horas. Una relación educativa sostenida tiene mayores posibilidades de construir conocimiento y recordación.

La formación debe entregarse de manera gradual, práctica y vinculada con las situaciones que el personal enfrenta diariamente. No requiere la misma información quien atiende categorías de autocuidado que quien trabaja principalmente con tratamientos crónicos, cuidado infantil, salud femenina o productos sujetos a prescripción.

Tampoco necesita el mismo contenido el químico farmacéutico que ejerce la dirección técnica que el auxiliar que permanece habitualmente detrás del mostrador.

Por eso, las compañías necesitan identificar y segmentar al personal de farmacia de acuerdo con su función, ubicación, tipo de establecimiento, experiencia y categorías relevantes.

El objetivo no consiste en enviar el mismo mensaje a todos. Consiste en entregar el conocimiento adecuado a cada grupo.

Las empresas que dispongan de esta información podrán construir programas más pertinentes, medir la comprensión, detectar necesidades de actualización y escuchar lo que ocurre frente al comprador.

Esa capacidad puede convertirse en una ventaja comercial importante.

Educar para posicionar, no solamente para informar

Toda capacitación produce algún tipo de posicionamiento. Cuando una empresa explica con claridad una categoría, diferencia correctamente su producto y ofrece conocimientos aplicables al trabajo cotidiano, también fortalece la recordación de su marca.

Esto no debería esconderse detrás de una falsa neutralidad. Las compañías capacitan porque buscan mejorar su presencia, diferenciación y desempeño comercial. La pregunta responsable no es si existe un objetivo comercial, sino cómo se pretende alcanzarlo.

La línea ética se encuentra en la calidad y veracidad del contenido, en el respeto de las competencias profesionales y en la ausencia de incentivos capaces de conducir a recomendaciones inapropiadas.

El posicionamiento legítimo se construye mediante conocimiento verificable. La inducción indebida aparece cuando el mensaje exagera beneficios, oculta limitaciones, promueve sustituciones no autorizadas o transforma al personal de farmacia en una fuerza de ventas informal.

Capacitar responsablemente significa que el personal entiende qué puede comunicar, qué no debe afirmar y cuándo necesita solicitar la intervención del profesional correspondiente.

El conocimiento también modifica la recomendación

Una marca desconocida difícilmente será recordada cuando un comprador formule una pregunta. Una marca comprendida tiene mayores posibilidades de entrar en el conjunto de opciones que el personal considera.

Esto resulta especialmente relevante en medicamentos de venta libre, suplementos, cuidado personal y otras categorías en las que el consumidor solicita orientación o describe una necesidad sin mencionar previamente una marca.

En ese momento, la competencia real no está constituida únicamente por los productos que una auditoría agrupa dentro de la misma sustancia o clase terapéutica. También compiten las marcas que el personal recuerda, comprende y relaciona con la necesidad expresada.

Quien atiende puede sugerir aquello que conoce mejor, siempre dentro de sus competencias y de las reglas aplicables. Por eso, las empresas que educan de manera clara, constante y responsable pueden construir una presencia mental que no necesariamente aparece reflejada en los reportes tradicionales.

La recomendación no nace solamente del incentivo económico. También nace de la familiaridad, la confianza y la capacidad de explicar.

El personal puede olvidar una promoción. Es menos probable que olvide un conocimiento que le permitió atender correctamente a un comprador.

El margen también tiene opinión

Sería ingenuo hablar de recomendación sin considerar los incentivos comerciales.

Las cadenas y las farmacias independientes deben administrar capital, espacio, inventarios, vencimientos y rentabilidad. Por eso, el margen, los descuentos, las bonificaciones, el crédito y la velocidad de rotación influyen en sus decisiones.

Esto no significa que toda recomendación responda exclusivamente al producto más rentable. La confianza, la demanda, la calidad percibida, el conocimiento y la experiencia previa también intervienen.

Pero tampoco sería creíble sostener que las condiciones económicas carecen de influencia.

Una verdad incómoda

El margen no habla, pero orienta comportamientos.

Cuando varios productos son percibidos como alternativas, aquel que ofrece mejor disponibilidad, rentabilidad o respaldo comercial puede recibir mayor atención. Si además posee un mensaje claro y cuenta con personal capacitado que lo recuerda, su posición se fortalece.

El laboratorio necesita comprender las dos dimensiones: qué gana el establecimiento y qué sabe la persona que atiende.

Una buena condición comercial puede facilitar la presencia. El conocimiento construye la preferencia. Confundir ambos elementos conduce a depender indefinidamente del descuento.

Latinoamérica no tiene una sola realidad farmacéutica

Hablar de “la farmacia latinoamericana” como si se tratara de un modelo uniforme sería un error.

La estructura del canal, la concentración de las cadenas, la presencia de establecimientos independientes, las competencias del personal y los criterios de intercambiabilidad cambian entre países.

Brasil ofrece el ejemplo de un sistema que dispone de mecanismos para identificar los medicamentos similares que han demostrado ser intercambiables con productos de referencia. La propia Anvisa aclara que no todo medicamento similar puede ser sustituido.

En Perú, la implementación de la intercambiabilidad continúa avanzando mediante la presentación y evaluación de estudios de bioequivalencia o bioexención ante la DIGEMID.

Estas diferencias tienen una consecuencia comercial concreta: una estrategia desarrollada para Brasil no puede trasladarse mecánicamente a Perú, Centroamérica o el Caribe.

Tampoco puede aplicarse el mismo modelo de relacionamiento en una cadena centralizada y en una farmacia independiente donde el propietario decide personalmente qué compra, cuánto inventario conserva y qué condiciones comerciales acepta.

Las experiencias centroamericanas pueden aportar una práctica valiosa, pero deberán adaptarse a la regulación, la estructura del canal y las funciones del personal de cada país.

Principio transferible

Lo transferible no es una plataforma o una actividad específica. Es el principio estratégico: el personal de farmacia constituye una audiencia propia y necesita una propuesta educativa diseñada para su realidad.

El contraargumento necesario

Existe una objeción legítima a la tesis de este artículo: el médico prescribe, el paciente decide y la farmacia debe limitarse a dispensar responsablemente. Decir que “la farmacia también decide” podría parecer una exageración o una invitación a invadir el terreno clínico.

La objeción es válida si se interpreta que la farmacia sustituye al médico. No es esa la afirmación.

La decisión clínica corresponde al profesional autorizado. La farmacia influye comercialmente mediante la disponibilidad, el precio, la comunicación, el inventario, la experiencia de atención y las alternativas que legalmente puedan presentarse.

Además, la farmacia desempeña una función sanitaria que supera la entrega física de un envase. Las directrices conjuntas de la Organización Mundial de la Salud y la Federación Farmacéutica Internacional reconocen que los farmacéuticos contribuyen a cerrar la distancia entre el beneficio potencial de los medicamentos y el valor que finalmente reciben los pacientes.

Reconocer que gran parte del contacto cotidiano puede recaer en auxiliares no disminuye la importancia del químico farmacéutico. Por el contrario, demuestra la necesidad de fortalecer la supervisión profesional, definir funciones y elevar la formación de todo el equipo.

De la reflexión a la ejecución

Lo que las empresas deberían comenzar a medir

No basta con conocer cuánto compró el distribuidor ni cuántas unidades aparecen en una auditoría.

Las compañías necesitan medir disponibilidad real, faltantes, solicitudes no atendidas, diferencias de precio, velocidad de reposición, razones de sustitución permitida y capacidad del personal para recordar y explicar correctamente un producto.

Preguntas que el análisis tradicional no siempre responde

  • ¿Qué marcas recuerda primero el personal de farmacia?
  • ¿Qué alternativas relaciona con una necesidad determinada?
  • ¿Qué diferencias consigue explicar y qué productos confunde?
  • ¿Cuándo interviene el químico farmacéutico?
  • ¿Qué información necesita el auxiliar que atiende detrás del mostrador?

Estas respuestas pueden revelar competidores que no aparecen en la clase terapéutica tradicional y oportunidades que no se observan en los reportes de ventas.

Una marca puede figurar en el sistema de una cadena y no estar disponible en todas sus tiendas. Puede encontrarse físicamente en el establecimiento, pero ser desconocida para quien atiende. Puede ofrecer un margen atractivo y carecer de demanda. O puede tener demanda y perderla porque la reposición no acompaña la rotación.

La información útil no consiste solamente en saber dónde se vendió una marca. Consiste en comprender por qué entró —o no entró— en la consideración de quien atendió al paciente.

De la cobertura a la influencia responsable

El futuro de la relación con la farmacia no estará en alcanzar indiscriminadamente todos los establecimientos ni en convertir al personal en una extensión informal de la fuerza de ventas.

Estará en identificar a las personas correctas, segmentarlas con criterio, entregarles conocimiento útil y aprender de su experiencia cotidiana.

Marketing deberá entender cómo se posiciona la marca en la mente del personal de farmacia. Ventas tendrá que comprobar si la demanda generada se convierte en disponibilidad. Trade marketing deberá observar inventario, rotación y ejecución. Distribución deberá garantizar la reposición. Market access deberá considerar la barrera del precio. Y las áreas responsables de capacitación tendrán que asegurar que el mensaje sea comprensible, ético y compatible con la regulación.

Cuando estas funciones operan por separado, cada una puede cumplir sus indicadores mientras la marca pierde al paciente.

Una visita médica exitosa no garantiza una dispensación. Una compra de la cadena no garantiza disponibilidad. Una bonificación no garantiza preferencia. Y una capacitación masiva no garantiza conocimiento.

Información
Disponibilidad
Formación
Ejecución

La última decisión

Durante años, la industria ha contemplado la receta como la demostración de que su estrategia funcionó. Pero la receta representa una intención. El tratamiento efectivo exige que esa intención sobreviva al precio, al inventario, al canal, a la comprensión y a la realidad cotidiana del paciente.

El médico prescribe. El paciente elige. El químico farmacéutico asume la responsabilidad profesional establecida por la legislación. El auxiliar, en numerosos establecimientos latinoamericanos, mantiene el contacto cotidiano detrás del mostrador. La farmacia dispone y dispensa.

Cada actor posee una función diferente, pero todos participan en el resultado.

Una marca que conquista la prescripción y desaparece de la mente del personal de farmacia no ha completado su estrategia.

Solo ha ganado la primera mitad de la decisión.

Fuentes consultadas

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