Una planta puede comenzar a fabricar un medicamento y, sin embargo, seguir dependiendo de quien le transfirió la tecnología. Puede operar equipos, llenar lotes o acondicionar producto sin controlar por completo el proceso, los métodos, el conocimiento regulatorio o los insumos críticos. Brasil está intentando que esa diferencia deje de ser una discusión conceptual y pueda medirse.
El verdadero resultado de una transferencia tecnológica no es que un producto cambie de lugar de fabricación. Es que la organización receptora termine con capacidad verificable para producir, controlar, sostener y evolucionar esa tecnología sin una dependencia permanente del proveedor original.
El 2 de julio de 2026, el Ministerio de Salud de Brasil publicó el Plan de Monitoreo y Evaluación del Programa de Parcerias para o Desenvolvimento Produtivo . El cambio merece atención porque el documento propone observar los resultados e impactos del programa sobre el Sistema Único de Salud (SUS), el complejo industrial sanitario y la dependencia productiva y tecnológica, en lugar de limitarse al seguimiento administrativo de cada asociación.
Las PDP combinan compras públicas de tecnologías consideradas estratégicas para el SUS con acuerdos de desarrollo, producción y transferencia hacia instituciones públicas brasileñas. El mecanismo no es nuevo. Lo que está cambiando es el estándar con el que Brasil pretende juzgar si el instrumento realmente dejó capacidad industrial en el país.
Brasil cambia la pregunta: de cuánto se compra a cuánto se internaliza
El nuevo plan organiza el monitoreo en cuatro niveles —resultados de corto, mediano y largo plazo e impactos estructurales— y establece ocho indicadores. La lógica es significativa: una política de transferencia no puede evaluarse únicamente por el número de contratos firmados, las unidades adquiridas o el valor desembolsado.
La diferencia entre las fases del programa ayuda a entender por qué esta medición importa. Según el Ministerio de Salud, la fase III corresponde al periodo en el que se ejecutan efectivamente la transferencia, la absorción de tecnología, la producción y el suministro. La fase IV ya no consiste simplemente en continuar fabricando: su función es verificar que la transferencia y la absorción concluyeron en condiciones de producción nacional y con portabilidad tecnológica por parte de la institución pública.
Esa verificación puede extenderse hasta 24 meses e incluye documentación sobre la transferencia e internalización, visitas técnicas in situ, un informe de verificación y análisis por las instancias responsables del programa. Es decir, Brasil ha establecido formalmente que declarar terminada una transferencia requiere algo más que recibir lotes producidos localmente.
El historial explica por qué medir se volvió necesario
El nuevo sistema aparece en un momento en que también existe evidencia independiente para evaluar el desempeño histórico de las PDP. Un estudio publicado en 2026 en Cadernos de Saúde Pública analizó el programa entre 2011 y 2024 a partir de documentación normativa, datos de adquisiciones gubernamentales e indicadores de sostenibilidad productiva y tecnológica.
Los resultados muestran una política con avances, pero también con una maduración lenta y desigual. Los investigadores calcularon una tasa de extinción y suspensión de 48% sobre los proyectos analizados. Entre las asociaciones que llegaron a la fase III, la tasa de éxito tecnológico —entendida como el avance hacia la fase IV— fue de 68%.
El estudio calculó además un índice de complejidad tecnológica de 24,3%: 20 de las 82 PDP consideradas dentro de ese indicador correspondían a biotecnológicos, vacunas o hemoderivados. La lectura es relevante porque las plataformas más complejas son precisamente las que exigen capacidades productivas, analíticas, regulatorias y de recursos humanos más difíciles de absorber.
El dato no invalida el instrumento. Sí obliga a evitar una lectura automática de las transferencias como sinónimo de autonomía. El mismo estudio encontró mayor estabilidad productiva en medicamentos sintéticos y mayores dificultades de internalización en plataformas biotecnológicas. También identificó concentración institucional: una parte importante de la capacidad madura terminó localizada en pocos laboratorios públicos.
Cuanto mayor es la complejidad de una plataforma, menos útil resulta medir el éxito por la instalación física o el volumen fabricado. Métodos analíticos, validaciones, conocimiento de proceso, documentación, capacidad regulatoria y personal competente pasan a ser activos industriales tan importantes como los equipos.
Brasil también empieza a poner precio al conocimiento
Hay otro cambio menos visible pero particularmente relevante para empresas y responsables de proyectos. En enero de 2026, el Ministerio publicó criterios metodológicos para estimar el costo de la transferencia tecnológica dentro de las PDP, como parte de las acciones adoptadas tras recomendaciones del Tribunal de Contas da União.
El modelo intenta separar conceptualmente el costo del suministro del producto de los componentes relacionados con la transferencia. Entre ellos aparecen capacitación, desarrollo regulatorio, licenciamiento y la cesión definitiva de la tecnología. Esa separación abre una pregunta que muchas negociaciones evitan: ¿cuánto se está pagando por fabricar y cuánto por adquirir conocimiento y autonomía?
La definición brasileña de capacitación es especialmente concreta. Incluye entrenamiento teórico y práctico, formación en línea de producción, visitas técnicas, manuales, procedimientos operativos estandarizados, protocolos, registros de lote, formación de multiplicadores y evidencias auditables del progreso de las competencias.
La cesión definitiva, por su parte, se vincula con documentación técnica e industrial, know-how productivo y regulatorio, especificaciones, métodos y parámetros críticos, autonomía en producción y registro y, cuando corresponda, derechos o licencias de propiedad intelectual.
Un contrato puede dejar de describir la transferencia como una obligación abstracta y convertirla en una secuencia de entregables verificables: personal capacitado, documentación recibida, procesos validados, métodos transferidos, registros actualizados y capacidad demostrada para operar sin asistencia permanente del socio original.
El IFA revela dónde puede esconderse la dependencia
El ingrediente farmacéutico activo ocupa un lugar propio dentro del nuevo plan de monitoreo. Brasil pretende contabilizar el número de IFAs nacionalizados asociados a PDP mediante información del programa y registros de Buenas Prácticas de Fabricación de Anvisa.
La razón es industrialmente evidente: un país puede ejecutar formulación, llenado, acondicionamiento o empaque y continuar expuesto a una dependencia crítica si el insumo esencial procede exclusivamente del exterior. En determinados productos, especialmente biológicos, la discusión es todavía más compleja porque el valor tecnológico se encuentra distribuido entre bancos celulares, procesos, materias primas críticas, métodos analíticos y conocimiento acumulado de fabricación.
La propia regulación de las PDP establece que el suministro con IFA, componente tecnológico crítico o dispositivo tecnológico nacional debe comenzar, como máximo, dentro del 80% del tiempo destinado a la fase III, y que al término de esa fase la institución pública debe asegurar competencias, dominio tecnológico y producción nacional conforme al arreglo aprobado.
Esto convierte el origen del IFA o del componente crítico en algo más que un dato de comercio exterior. Es una señal sobre la profundidad de la capacidad que realmente se está construyendo.
Medir mejor no elimina los puntos ciegos
El nuevo plan brasileño tiene una virtud poco habitual en documentos de política industrial: reconoce abiertamente dónde todavía no puede medir bien.
El porcentaje de PDP con internalización concluida, por ejemplo, depende de información que todavía se encuentra dispersa en diferentes registros. El Ministerio plantea crear rutinas sistemáticas y uniformar el criterio de qué significa formalmente una “internalización concluida”.
La estimación de ahorro para el SUS también enfrenta restricciones: no siempre existe un precio externo comparable al de la PDP y, en algunos casos, la totalidad de la demanda puede estar siendo abastecida mediante la asociación, lo que elimina el comparador.
El problema más evidente aparece al intentar medir la disminución de importaciones. El ejercicio piloto concluyó que los códigos de la Nomenclatura Común del Mercosur pueden agrupar varias sustancias bajo una misma clasificación, generando riesgo de atribuir cambios de importación a un producto que no necesariamente los explica.
El plan propone buscar mayor granularidad —incluido el uso de identificadores CAS— antes de convertir esta medición en una herramienta rutinaria.
El plan fue publicado en julio de 2026. Por tanto, todavía no existe base para concluir que este nuevo sistema haya aumentado la autonomía productiva brasileña. Lo que sí puede afirmarse es que Brasil está elevando el nivel de exigencia con el que pretende medirla.
Esa distinción es importante. Una metodología mejor no sustituye inversión, talento, infraestructura, disciplina GMP ni continuidad presupuestaria. Tampoco resuelve por sí misma la dependencia de insumos o la concentración de capacidades en pocas instituciones. Pero permite identificar con más claridad dónde esas brechas existen.
La meta industrial hace más exigente la prueba
Brasil ha incorporado la producción sanitaria a su política industrial mediante la misión de salud de la Nova Indústria Brasil. El objetivo oficial es que la producción doméstica cubra 50% de las necesidades nacionales en 2026 y 70% en 2033 en medicamentos, vacunas, equipos, dispositivos, materiales, insumos y otras tecnologías sanitarias.
Son metas de política pública, no resultados ya alcanzados. Precisamente por eso la calidad de la medición importa. Elevar el porcentaje de producción local puede reducir vulnerabilidades, pero no necesariamente significa controlar las etapas de mayor densidad tecnológica.
La pregunta para una política industrial madura no debería ser solamente cuánto se produce dentro del territorio. También debería preguntar quién controla el proceso, qué componentes siguen siendo importados, quién puede modificar el producto, quién mantiene el registro, cuánto soporte externo continúa siendo necesario y qué ocurriría si el proveedor original dejara de participar.
La lección para Latinoamérica no es copiar las PDP
En junio de 2026, la Organización Panamericana de la Salud participó en Brasilia en un encuentro convocado por el Ministerio de Salud para discutir metodologías de monitoreo y evaluación de transferencias, estimación de costos, eficiencia de recursos y resultados.
La OPS planteó además la posibilidad de validar el modelo con otros productores brasileños y actores regionales con experiencia en estos procesos.
Dos meses después, también en Brasilia, la discusión regional se amplió hacia los factores necesarios para sostener producción de tecnologías sanitarias en América Latina y el Caribe: capacidades de manufactura, regulación, financiamiento, demanda coordinada, recursos humanos especializados y cadenas de suministro resistentes.
La implicación para la región no es que México, Argentina, Colombia, Chile, Centroamérica o los países andinos deban reproducir el diseño institucional brasileño. Sus escalas de mercado, sistemas públicos, capacidades regulatorias y estructuras industriales son diferentes.
Pero sí existe una pregunta que puede aplicarse a prácticamente cualquier proyecto de transferencia tecnológica latinoamericano: ¿qué evidencia se exigirá para demostrar que la capacidad quedó efectivamente en el receptor?
Cinco preguntas que deberían definirse antes de firmar
- ¿Qué conocimiento debe quedar transferido? Procesos, parámetros críticos, métodos, documentación y derechos de uso deben estar definidos desde el inicio.
- ¿Cómo se probará la competencia del equipo receptor? La capacitación necesita entregables y evidencia verificable, no solo horas de entrenamiento.
- ¿Qué etapas críticas seguirán dependiendo del proveedor? Producción local parcial puede coexistir con una dependencia tecnológica significativa.
- ¿Qué capacidad regulatoria quedará instalada? Mantener registros, gestionar cambios y ejecutar actividades posregistro forma parte de la autonomía.
- ¿Cuál será la prueba final de independencia operativa? La transferencia debería permitir continuar produciendo y sosteniendo la tecnología sin asistencia permanente del socio original.
Para fabricantes privados, laboratorios públicos, CMO/CDMO, proveedores de equipos, empresas de validación, consultoras regulatorias e inversionistas, esta discusión cambia la manera de valorar un proyecto. Una transferencia completa demanda tiempo y recursos que no aparecen en una simple lista de activos físicos.
También afecta a los gobiernos compradores. Si el objetivo es resiliencia sanitaria, el contrato debe permitir distinguir entre adquisición de producto, construcción de capacidad y adquisición de conocimiento. De lo contrario, una parte del valor pagado por “transferencia” puede quedar sin una evidencia suficientemente clara de lo recibido.
Brasil todavía tendrá que demostrar que sus nuevos indicadores pueden aplicarse de manera consistente y que producirán mejores decisiones. Pero la dirección de la pregunta es correcta: una transferencia tecnológica no debería considerarse terminada cuando empieza la producción local, sino cuando la dependencia que justificó la transferencia deja de ser estructural.
Para América Latina, medir esa diferencia puede resultar tan importante como construir la planta.
Fuentes consultadas
- Ministerio de Salud de Brasil — Plan de Monitoreo y Evaluación del Programa de Parcerias para o Desenvolvimento Produtivo, 2026.
- Ministerio de Salud de Brasil — Parcerias para o Desenvolvimento Produtivo: objetivos, estructura y fases del programa.
- Ministerio de Salud de Brasil — Verificación de la internalización tecnológica y duración de la fase IV.
- Ministerio de Salud de Brasil — Nota Informativa nº 17/2025-DECIS/SCTIE/MS: criterios metodológicos para determinar el costo de la transferencia tecnológica.
- Albareda, A.; Torres, R. L. — Parcerias para o Desenvolvimento Produtivo no Brasil: evidências empíricas sobre capacidade produtiva (2011–2024). Cadernos de Saúde Pública, 2026.
- OPS/OMS — PAHO supports Brazil in strengthening the transfer of health technologies, 16 de junio de 2026.
- Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios de Brasil — Nova Indústria Brasil: misión para el complejo económico-industrial de la salud.
- OPS/OMS — Industry Engagement Forum sobre innovación, producción y acceso a tecnologías sanitarias, agosto de 2026.