Una muestra de sangre podría hacer que parte del diagnóstico biológico de las demencias sea menos invasivo y más accesible. Pero la pregunta decisiva para América Latina no es solamente si los biomarcadores funcionan. Es si funcionan con suficiente consistencia en poblaciones latinoamericanas y si los sistemas de salud pueden convertir ese desempeño analítico en una ruta diagnóstica confiable.
El valor del estudio ReDLat no está únicamente en demostrar que determinados biomarcadores plasmáticos pueden ayudar a distinguir Alzheimer y degeneración frontotemporal. Su aportación más relevante es haber probado estas señales en una cohorte multinacional latinoamericana y mostrar, al mismo tiempo, por qué ningún marcador debería interpretarse fuera de su contexto clínico, cognitivo y poblacional.
El 13 de febrero de 2026, Nature Aging publicó Blood-based AT(N) biomarkers for Alzheimer’s disease and frontotemporal lobar degeneration in Latin America , un estudio multicéntrico del consorcio ReDLat que reunió a 605 participantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú.
La muestra incluyó 237 personas con enfermedad de Alzheimer, 140 con degeneración lobar frontotemporal —FTLD, por sus siglas en inglés— y 228 controles cognitivamente normales. Los participantes procedían de clínicas de memoria y hospitales académicos, lo que permitió estudiar una población latinoamericana diversa, aunque no equivalente a la población general.
Cuatro señales en sangre para dos enfermedades complejas
Los investigadores analizaron cuatro biomarcadores plasmáticos vinculados con componentes diferentes de la biología de las demencias: la relación Aβ42/Aβ40, las proteínas tau fosforiladas p-tau217 y p-tau181, y el neurofilamento de cadena ligera (NfL).
Frente a los controles cognitivamente normales, la relación Aβ42/Aβ40 fue menor tanto en Alzheimer como en FTLD. En cambio, p-tau217, p-tau181 y NfL aparecieron elevados en ambos grupos de pacientes. Entre las diferencias observadas, p-tau217 fue mayor en Alzheimer, mientras que NfL mostró niveles superiores en FTLD.
Esa combinación permitió construir modelos de clasificación. Utilizando solamente los biomarcadores plasmáticos, el área bajo la curva ROC —AUC ROC— fue de 0,83 para Alzheimer y 0,88 para FTLD.
Un AUC de 0,83 no significa que la prueba haya acertado el diagnóstico en el 83% de las personas. El AUC expresa la capacidad del modelo para discriminar entre grupos a través de distintos umbrales. Cuanto más se aproxima a 1, mayor es su capacidad de separación.
La sangre funcionó mejor cuando dejó de estar sola
Uno de los hallazgos más importantes del estudio aparece cuando los investigadores incorporan al modelo información adicional. Al combinar los biomarcadores plasmáticos con patrones de neuroimagen específicos de cada enfermedad y evaluaciones cognitivas, el AUC subió a 0,89 para Alzheimer y 0,95 para FTLD.
La diferencia es relevante porque evita una lectura excesivamente simple del avance. El estudio no demuestra que una prueba de sangre pueda sustituir de manera independiente el razonamiento clínico. Por el contrario, sus mejores resultados aparecen precisamente cuando la biología plasmática se interpreta junto con información cerebral y cognitiva.
El lugar donde se hizo el estudio importa tanto como el resultado
Buena parte de la investigación internacional sobre biomarcadores de Alzheimer se ha desarrollado en poblaciones de países de altos ingresos. Esa concentración limita la seguridad con la que pueden trasladarse puntos de corte, modelos predictivos y rendimientos diagnósticos a otras poblaciones.
América Latina presenta una combinación particularmente compleja de diversidad genética, mezcla ancestral, niveles educativos, exposiciones ambientales, condiciones socioeconómicas y perfiles de comorbilidad. El estudio ReDLat intenta responder precisamente a ese vacío al incluir centros de seis países y evaluar si los biomarcadores mantienen utilidad a través de contextos diferentes.
Los análisis por país encontraron señales concordantes, pero no una homogeneidad perfecta. En la comparación entre controles y Alzheimer, la heterogeneidad estadística entre países fue elevada. En FTLD fue todavía mayor, y Argentina y México tuvieron que excluirse de ese análisis específico por tamaños de muestra insuficientes.
Que un biomarcador funcione de manera prometedora en una cohorte latinoamericana no significa que pueda fijarse automáticamente un mismo punto de corte para todos los países, plataformas analíticas y poblaciones. El propio estudio advierte que la heterogeneidad regional exige validaciones contextuales.
El trabajo identificó un punto de corte de p-tau217 cercano a valores comunicados en cohortes de países de altos ingresos, pero los autores insisten en que los umbrales derivados de una población no necesariamente deben trasladarse a otra sin validación.
Lo que el estudio todavía no demuestra
El entusiasmo alrededor de los biomarcadores sanguíneos debe leerse junto con las limitaciones metodológicas. En Ciencia & Desarrollo, el avance científico importa tanto como aquello que la evidencia todavía no puede resolver.
Cuatro límites que condicionan la interpretación
- El diseño fue transversal. La investigación observa a los participantes en un momento determinado y no permite establecer cómo cambian los biomarcadores durante la progresión de la enfermedad.
- No hubo confirmación sistemática con PET o líquido cefalorraquídeo. La ausencia de comparación directa con estas medidas de referencia limita la evaluación de concordancia entre los biomarcadores sanguíneos y la patología cerebral.
- La muestra procede de clínicas especializadas. Los resultados no equivalen a demostrar desempeño en cribado poblacional ni en atención primaria.
- La heterogeneidad latinoamericana continúa siendo un desafío. Genética, educación, ambiente, comorbilidades y condiciones sociales pueden modificar el comportamiento de los biomarcadores y su interpretación.
Los autores señalan además que la información sobre comorbilidades individuales fue limitada y tuvo que agruparse para determinados análisis. También reconocen que, sin PET, líquido cefalorraquídeo o confirmación post mortem, no puede excluirse completamente el solapamiento con otras patologías neurodegenerativas.
El resultado de ReDLat respalda el potencial de los biomarcadores plasmáticos como parte de un proceso diagnóstico. No demuestra que una prueba sanguínea aislada pueda identificar de manera definitiva Alzheimer o FTLD en cualquier paciente latinoamericano.
El contexto internacional ya se está moviendo
El desarrollo clínico de estos biomarcadores no ocurre en un vacío regulatorio. En mayo de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó para comercialización el primer dispositivo diagnóstico sanguíneo destinado a ayudar en el diagnóstico de Alzheimer : Lumipulse G pTau217/β-Amyloid 1-42 Plasma Ratio.
La indicación estadounidense es más acotada de lo que algunos titulares sugieren. Está destinada a adultos de 55 años o más con signos y síntomas de la enfermedad para ayudar a detectar patología amiloide. No fue autorizada como prueba de cribado para población asintomática.
En julio de 2025, la Alzheimer’s Association publicó su primera guía clínica basada en evidencia sobre biomarcadores sanguíneos para la evaluación de personas con deterioro cognitivo en atención especializada.
Ambas referencias apuntan en la misma dirección que los resultados latinoamericanos: una prueba sanguínea puede simplificar una parte importante del diagnóstico, pero su interpretación sigue dependiendo de población, contexto clínico, desempeño analítico y ruta asistencial.
La verdadera barrera latinoamericana empieza después del tubo
Para los sistemas de salud latinoamericanos, la ventaja intuitiva de una muestra de sangre es considerable. Extraer sangre resulta menos invasivo y, potencialmente, más escalable que realizar una punción lumbar o disponer de una red amplia de tomografía por emisión de positrones.
Pero la accesibilidad de la muestra no debe confundirse con accesibilidad diagnóstica.
De biomarcador prometedor a diagnóstico utilizable
Para que estas herramientas reduzcan realmente la brecha de diagnóstico en Latinoamérica, todavía hacen falta varias capacidades que no están igualmente distribuidas en la región:
- ensayos analíticos validados y laboratorios con control de calidad;
- protocolos preanalíticos consistentes para recolección, procesamiento, almacenamiento y transporte;
- puntos de corte validados para las plataformas y poblaciones utilizadas;
- evaluación cognitiva y clínica suficientemente accesible;
- neurología, geriatría, psiquiatría y clínicas de memoria capaces de interpretar resultados complejos;
- acceso a neuroimagen o pruebas confirmatorias cuando el resultado sea dudoso o clínicamente discordante;
- cobertura financiera y criterios claros para decidir quién debe ser evaluado.
Esa lista convierte un avance biomédico en una discusión de sistema. Para laboratorios diagnósticos, empresas farmacéuticas, CRO, hospitales y desarrolladores de pruebas, el desafío no será solamente disponer del biomarcador. Será demostrar reproducibilidad, establecer rutas de uso, formar profesionales y generar evidencia suficiente para que pagadores y autoridades sanitarias definan cuándo financiarlo.
El diagnóstico adquiere otra importancia cuando existe una terapia
La aparición de terapias dirigidas contra la patología amiloide ha aumentado el valor clínico de identificar correctamente qué pacientes presentan evidencia biológica compatible con Alzheimer. En ese escenario, el diagnóstico deja de ser únicamente una explicación etiológica: también puede influir en la selección de pacientes para tratamientos que requieren confirmación de patología.
Esa evolución hace más importante —no menos— la calidad del diagnóstico. Una prueba de fácil acceso pero con aplicación indiscriminada puede generar falsos positivos, consultas innecesarias y presión adicional sobre servicios especializados. Una prueba bien integrada puede, en cambio, utilizarse para priorizar quién necesita estudios confirmatorios más complejos.
El mercado futuro de biomarcadores sanguíneos no dependerá únicamente del desempeño técnico del ensayo. Dependerá de dónde se ubique dentro del recorrido del paciente: cribado, triaje, apoyo diagnóstico o confirmación, y de qué decisiones clínicas o terapéuticas pueda justificar cada uso.
Más representación regional, pero todavía no suficiente
Uno de los méritos del consorcio ReDLat es tratar a América Latina como una fuente de evidencia y no únicamente como un territorio al que se trasladan tecnologías desarrolladas en otros mercados.
Aun así, seis países no representan automáticamente a toda la región. Centroamérica y el Caribe no aparecen en la cohorte, y dentro de los países participantes las muestras proceden de centros especializados. Tampoco todos los subgrupos poblacionales están representados en proporciones que permitan definir umbrales clínicos nacionales.
El siguiente paso científico no debería ser solamente aumentar el número total de participantes. Será necesario validar los biomarcadores longitudinalmente, compararlos con PET y líquido cefalorraquídeo, estudiar su rendimiento en atención menos especializada y comprender cómo edad, genética, enfermedad renal, comorbilidades, educación y factores sociales modifican su interpretación.
La promesa de diagnosticar mejor una demencia a partir de una muestra de sangre es poderosa precisamente porque podría reducir algunas de las barreras más costosas e invasivas del proceso actual. Pero el estudio latinoamericano también deja una advertencia útil: simplificar la muestra no simplifica automáticamente la enfermedad.
ReDLat aporta evidencia que la región necesitaba. El siguiente desafío será convertir esa evidencia en pruebas validadas, rutas clínicas claras y acceso real. En Alzheimer, el avance puede comenzar en un tubo de sangre; su impacto dependerá de todo lo que ocurra después.
Fuentes consultadas
- Caviedes A., Cabral-Miranda F., Orellana P. et al. Blood-based AT(N) biomarkers for Alzheimer’s disease and frontotemporal lobar degeneration in Latin America. Nature Aging 6, 430–444 (2026).
- Manuscrito completo del estudio ReDLat disponible en PubMed Central: métodos, población, resultados, análisis por país y limitaciones.
- PubMed — ficha bibliográfica del estudio publicado en Nature Aging en febrero de 2026.
- U.S. Food and Drug Administration — FDA Clears First Blood Test Used in Diagnosing Alzheimer’s Disease, 16 de mayo de 2025.
- FDA 510(k) K242706 — Lumipulse G pTau217/β-Amyloid 1-42 Plasma Ratio.
- Alzheimer’s Association — Clinical Practice Guidelines & Evidence: uso de biomarcadores sanguíneos en atención especializada, 2025.
- Alzheimer’s Association — protocolo estandarizado para manejo preanalítico de muestras destinadas a biomarcadores sanguíneos de Alzheimer.